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Un ball boy de veinte años que sueña con Roger Federer y dos hermanos con un extraño don buscando tesoros en alta mar, Los impecables se construye sobre la intriga en torno a sus protagonistas. El joven Manuel, encerrado en una rutina segura y reconfortante, se ve amenazado por una compañera más joven con la que rivaliza para ir al Roland Garros, mientras Juan y Abel, dos hermanos a la caza de tesoros perdidos, experimentan frente a su tripulación la peligrosidad de las aguas, sin que los meses traigan la ansiada recompensa. «Esta historia no puede escribirse con un solo registro, de una sola manera. Tatiana Goransky se vale del discurso de investigación, de la magia difusa de las fábulas o de la precisión antropológica», destaca Martín Kohan. Un libro «atravesado no sólo por la tragedia, sino por una serie de lenguajes y discursos que lo agrandan y lo convierten en una historia emocionante», en palabras de Ezequiel Acuña. Ya sea en el agua o sobre polvo de ladrillo, el terreno en que se mueve Los impecables es uno minado de obsesiones y rivalidades que dan lugar una y otra vez a situaciones límite.   Ver ficha de Tatiana Goransky Lee las primeras páginas en PDF   ISBN: 978-84-944938-3-6 176 páginas   Prensa Flavia Company, La Vanguardia Verónica Nieto, Rumiar la biblioteca Matías Néspolo, El Mundo Luis Alonso Girgado, El Ideal Gallego Matías Crowder, Diario de Cultura Basilio Pujante, El Noroeste

Tatiana Goransky es una artista fuerte. Y digo artista porque de forma clara, lo es: tras su paso por la Escuela Municipal de Arte Dramático egresó de Dramaturga, es escritora y autora de las novelas Lulúpe María T (Símurg, 2005), ¿Quién mató a la cantante de jazz? (Tantalia, 2008, reeditado en 2013 en Estados Unidos y en 2015 en España); Los Impecables (Comba, 2016) y Fade Out (Comba, 2017). Además, como si fuera poco, es cantante de jazz. “Hay que tener caos y frenesí en el interior para dar luz a una estrella danzarina’’, dijo alguna vez Friedrich Nietzsche y en cierta medida, ese frenesí se puede ver en los gestos, la mirada y las palabras de Goransky. Tomar un café con ella es entrar en un área de abstracción total donde lo más importante de ese momento es lo que se está conversando, lo que dice y cómo lo dice: con sus manos, con la cadencia de sus palabras, con su pelo ondulado y su sonrisa abrazadora. En el transcurrir de la conversación se deslinda la fuerza de su ser, porque en cada palabra, —con tanta convicción—, es que se refleja esa estrella danzarina de la que habla Nietzsche. La charla, entonces, comienza con un café en el Bar “La Poesía’’, ubicado en el barrio de San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires y en este instante es que quiero comenzar con un detalle que no puedo evadir: Una de las primeras cosas que me llamó la atención a la hora de investigarte, fue la pluralidad en la que se apoya tu hacer artístico. Lo noté al encontrarme con una cantidad de registros y temáticas en los que circula tu literatura, tu voz y tus modos de hacer. De hecho, en una entrevista decís que desde chica tuviste que pelear contra el dicho “el que mucho abarca, poco aprieta” y, sin dudas, creo que eso ha quedado demostrado en tu acontecer artístico pero, para establecer un juego, supongamos que hoy —años de experiencia más tarde— tuvieras que volver atrás y hablarle a la Tatiana de hace 20 años ¿Le dirías que se enfoque más alguna área o qué le dirías al respecto?

De visita en Barcelona con motivo del día del libro, Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1974) vivió su primer Sant Jordi a punto de cumplirse un año de la publicación de Los impecables (Editorial Comba, 2016). La presente charla no debe resultar indiscreta teniendo en cuenta que uno es su editor en España, sino todo lo contrario. La obra de Goransky persigue a través de las obsesiones de sus personajes la idea de perfección, y no es sino esto lo que todo editor pequeño ansía al armar un catálogo. El impecable destino de convertirse en algo parecido a un personaje de Goransky está presente en la aventura literaria, esa voluntad de ser, para lo bueno y para lo malo, el mejor. Hay música de fondo a lo largo de la charla, una playlist difícil de distinguir si no es a través de la memoria, temas de Van Morrison, Sex Pistols o Los Rodríguez que nos ponen ante su próxima publicación, Fade out, recibida con gran entusiasmo en Argentina y pronto en las librerías españolas. En ella narra la vida de tres generaciones de mujeres que emiten música por los oídos, lo que se da en llamar «emisiones otacústicas» y que en su caso, lejos de tratarse de meros pitidos, se convierte en una auténtica banda sonora. «Y de hecho existe —afirma Goransky—, se creó una banda sonora basada en la novela y quienes se hagan con la edición española podrán acceder a ella.» La playlist incluye temas de los grupos más variopintos, desde los ya mencionados a Caetano Veloso o Loquillo, pasando por los Bee Gees y tangos de toda índole. Hay menos presencia jazzística, sin embargo, y eso a pesar de que Goransky es conocida por su doble faceta de escritora y cantante de jazz.

  Tatiana Goransky, nacida en febrero de 1977 en Buenos Aires, es escritora y cantante de jazz. En sus inicios escribía reseñas de libros eróticos...

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El caso de Federico Valenciano (Barcelona, 1945) es difícil de explicar y sin embargo de grata lectura. Ahora que en el mundo literario se habla de los prescriptores, porque uno no se puede medicar libros a la ligera, como si fueran inofensivos, la poesía de Valenciano es un remedio de los que rara vez falla. Como está escrito en la contraportada de su Frontera con la nada (Comba, 2016), aborda por igual los temas mayores y los menores de la existencia humana, con una sutileza y eficacia que es a un tiempo memoria y presente, los días idos y las palabras de todos. ‘Amanuense del otro —escribe—, me enciendo en el poema/ con la fe del que cumple alguna profecía.’ Su obra a la fecha se comprende en este poemario de cincuenta impecables páginas, lo que abunda en su misterio y en la magia de discreto amanuense. ‘Es una sensación rara —asegura—, la de quienes creemos que al juntar ciertas palabras convocamos el pasado o logramos que en los demás broten imágenes. Para mí, como tantas veces se ha dicho, el acto poético es el que lleva a cabo el lector en la lectura.’